SONRISAS DE LUZ Y PAZ

EVANGELIO DEL DÍA. MIS ESCRITOS, MÚSICA Y POESIAS

sábado, 18 de julio de 2020


                                                                  LA PLUMA


Pluma de golondrina,

que vas tejiendo versos,

sonetos que armonizas

con tus trinos y el viento.

 

Pluma de nieve y luto,

pluma de tierra y cielo,

pluma de paz y guerra,

pluma de amor y celos.

 

Pluma que siembras dicha,

exámenes bien hechos,

pluma que desconciertas

cuando das el suspenso.

 

Pluma que eres sonrisa

cuando el hijo está lejos,

y dibujas caricias

con abrazos y besos.

 

Pluma que al misionero

en la selva salvaje,

con tu carta le llevas

el amor de sus padres.

 

Pluma que te deslizas

con arte en las postales,

paloma mensajera,

cruzando tierra y mares

para llevar contigo

los más bellos paisajes,

que el viajero andante

envía a sus hogares.

 


Pluma, fiel compañera

del mundo de lo bello,

poeta enamorada

de la musa y el verso.

 

Pluma que eres canción,

en horas de silencio

llenas mi soledad,

pluma de mis secretos.

 

Pluma que mientras viva

te tengo entre mis dedos,

tinta será mi sangre,

papel blanco mi tiempo,

para que tú describas

el amor que yo llevo,

con poemas de rosas,

de luz, de paz y cielo.

 

Que el grano que yo siembre

no se lo lleve el viento,

pluma que inmortalizas

el mundo de mis sueños.

                                                   Mª del Carmen Díaz Cabra.

 

 

 

 


 

 

 

 

 


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Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43): En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor

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