SONRISAS DE LUZ Y PAZ

EVANGELIO DEL DÍA. MIS ESCRITOS, MÚSICA Y POESIAS

domingo, 14 de junio de 2020

PAN DE VIDA, PAN DE AMOR, PAN QUE ES DIOS --- VOY BUSCANDO SEÑOR


PAN DE VIDA


VOY BUSCANDO SEÑOR

VOY BUSCANDO SEÑOR

VOY BUSCANDOTE A TI

VOY BUSCANDO TU AMOR

EL QUE TU ESTÉS EN MI

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EL QUE SIGUE MIS PASOS

PRONTO ME ENCONTRARÁ

PORQUE YO SOY CAMINO

LA VIDA Y LA VERDAD

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TENGO HAMBRE SEÑOR

TENGO HAMBRE DE TÌ

TENGO HAMBRE DE AMOR

DE QUE TÚ ESTES EN MI


 

EL QUE COME MI CARNE

VIDA ETERNA TENDRÁ

Y EL QUE BEBE MI SANGRE

NO MORIRÁ JAMÁS


 

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TENGO SED SEÑOR

TENGO SED DE TI

TENGO SED DE TU AMOR

DE QUE TÚ ESTÉS EN MÍ

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EL QUE BEBE MI SANGRE

UN TORRENTE TENDRÁ

DE AGUA VIVA QUE SALTE

HASTA LA ETERNIDAD

M del Carmen Díaz Cabra 

       


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Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43): En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor

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