SONRISAS DE LUZ Y PAZ

EVANGELIO DEL DÍA. MIS ESCRITOS, MÚSICA Y POESIAS

domingo, 7 de junio de 2020

LA JORNADA DEL PASTOR

  • LA JORNADA DEL PASTOR


  • Ya se oyen las esquilillas

  • de las ovejitas blancas,

  • al despertar de las flores

  • y la sonrisa del alba,

  • está amaneciendo el día

  • en serenidad y calma. 

  • El pastor ya se despierta

  • mientras a Dios le da gracias

  • por el nuevo amanecer

  • que con amor le regala 

  • Traza el signo de la cruz

  • redobla su confianza

  • y puesto en tan buenas manos,

  • él comienza su jornada. 

  • El pastor frota sus ojos

  • al salir de la cabaña,

  • mientras los rayos de luz

  • iluminan más su cara,

  • dejando ver la inocencia

  • que él ha conservado intacta. 

  • El mastín le está esperando

  • en la puerta la majada,

  • dando saltos de contento

  • hasta que lame su cara. 

  • Las ovejas le saludan

  • con sus más tiernas baladas,

  • mientras él las va ordeñando

  • su espumosa leche blanca,

  • que esponjadita con pan

  • le sabrá a gloria sagrada.

  • Al fin ya se abre la puerta

  • de la rústica majada,

  • el rebaño va siguiendo

  • al pastor con mucha calma. 

  • Los rayos del sol apuntan

  • por encima la montaña,

  • mientras que los pajarillos

  • revolotean en las ramas.

  •  

  • El pastor con su rebaño

  • ya se adentra en la calzada,

  • mientras bellas melodías

  • va tocando con su flauta. 

  • A su paso va dejando

  • una estela de armonía

  • y paz en los corazones

  • de las gentes que le miran. 

  • Al fin atisba los pastos

  • mejores de la campiña,

  • y mientras allá, en el valle,

  • se nutren las ovejitas,

  • apoyado en su cayado

  • el pastor al cielo mira.

  •  

  • En la soledad del campo,

  • con la dulce compañía

  • de flores y mariposas

  • y el aire que le acaricia. 

  • Siempre una estampa

  • de paz

  • del pastor será su vida

Mª del Carmen Díaz Cabra.

 

1 comentario:

  1. Gracias bella...
    Esta hermoso, como todo lo que escribes...
    Bendiciónes ❤️

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Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43): En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor

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