SONRISAS DE LUZ Y PAZ

EVANGELIO DEL DÍA. MIS ESCRITOS, MÚSICA Y POESIAS

domingo, 21 de junio de 2020

EL ARPA DE MIS HORAS


                                                                                   

Con el arpa de mis horas

yo tejo la melodía

de acordes, que en mi interior

son un caudal de alegría.

 

Serena la voy tocando,

llenando noches y días

de notas que yo regalo,

con sencillez y armonía.

 

Voy dibujando sonrisas

en los ojos que me miran,

artífice de la paz

y sembradora de dicha.

 

El orden templa las cuerdas,

con esmero las afina,

el arpa sigue tocando

su fraternal sinfonía.

 

Es consuelo para todos,

cicatriza las heridas,

es el arpa de mis horas

una fuente de energía,


medicina para el alma

y salud para la vida.

trabajando por la paz

que tanto este mundo ansia

 

Mª del Carmen Díaz 

 

 

 

 

 

 


1 comentario:

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17): En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.» Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.» Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.» Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

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