SONRISAS DE LUZ Y PAZ

EVANGELIO DEL DÍA. MIS ESCRITOS, MÚSICA Y POESIAS

lunes, 1 de junio de 2020

LOS PAJARITOS NOS DAN MUCHA ALEGRÍA.

QUIERO ENSEÑAR A LAS ALMAS

 

Quiero enseñar a las almas

el camino del Cielo

 

quiero sembrar en sus almas

lo que es puro y es bueno

para que todas con amor

y con corazón limpio

alaben a mi Dios 

 

Si solo confío en mi

nunca lo alcanzaré

más si acudo a la oración

pronto lo he de obtener

 

Orar y sufrir por Amor

para que ellas se salven

ha de ser mi misión  (bis)

 

En los brazos de Jesús

como un niño seré

mi cabeza con ternura

en su pecho pondré

la paz inunda el corazón

cuando la confianza

solo se pone en Dios (bis) 

 

 

 

1 comentario:

  1. QUIERO ENSEÑAR A LAS ALMAS

    Quiero enseñar a las almas
    el camino del Cielo

    quiero sembrar en sus almas
    lo que es puro y es bueno
    para que todas con amor
    y con corazón limpio
    alaben a mi Dios

    Si solo confío en mi
    nunca lo alcanzaré
    más si acudo a la oración
    pronto lo he de obtener

    Orar y sufrir por Amor
    para que ellas se salven
    ha de ser mi misión (bis)

    En los brazos de Jesús
    como un niño seré
    mi cabeza con ternura
    en su pecho pondré
    la paz inunda el corazón
    cuando la confianza
    solo se pone en Dios (bis)



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Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43): En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor

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